La ITV

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La verdad es que no podían haber ubicado esta inspección técnica de vehículos (ITV) en una localidad más apropiada. Se encuentra en “Espíritu Santo”, Sada, justo al borde de la famosa nacional VI. Y sí, más les vale encomendarse a la tercera persona de la Santísima Trinidad si pretenden obtener en este sagrado lugar, el certificado de apto para su viejo automóvil.

Sangre, sudor y lágrimas nos costó, la semana pasada, a mí y a mi destartalada furgoneta superar las pruebas de las que consta esta revisión. Hasta tres veces tuve que acudir para conseguir la ansiada pegatina que autoriza a mi furgón a circular legalmente durante un año más, al menos. Parece ser que emitía demasiados gases (cosas de la edad, ya saben), por lo que, siguiendo el consejo del “amable” revisor que me suspendió en la segunda intentona, desesperado me desplacé hasta la autovía A-6 para allí poder pisar a fondo el acelerador en marchas cortas, con el objeto de limpiar y desobturar el carburador y sus conductos. Reconozco que tuve que incumplir numerosos artículos del código de circulación para realizar adecuadamente las citadas operaciones, pero resultaron ser mano de santo, creánme. Cuando regresé a la ITV, mi vehículo respetaba ya holgadamente la normativa medioambiental. Resulta paradójico: para poder cumplir las quisquillosas normas de la inspección tuve que quebrantar otras tantas, seguramente, mucho más importantes. “El fin justifica los medios”, Maquiavelo dixit.

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