La Patata brava

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No me extraña nada que llore el pobre tuberculito. Y es que las bravas que sirven en este emblemático bar de la localidad de Sada (A Coruña) son para derramar un buen puñado de lagrimones. Pero de felicidad, no se preocupen. Nada de ketchups picantes, ni de “ali-olis” coloreados, las patatas de esta taberna vienen aliñadas con la salsa más perfecta que se puedan imaginar. A su lado, la fórmula de la Coca Cola es un juego de niños.

Por lo demás, el local es de lo más cutre, la clientela, de la peor calaña, y el servicio es tan lamentable que acaba por resultar divertido. Pero aún con todo, merece mucho la pena. Palabra. ¿Gustan?.

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